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sábado, 9 de abril de 2016

La persecución y deportación de inmigrantes en los Estados Unidos



A ocho meses de los comicios presidenciales en Estados Unidos, el futuro de los inmigrantes indocumentados sigue siendo un punto crucial en el debate. Mientras Donald Trump, quien cada vez está más cerca de ser candidato por el Partido Republicano, mantiene su postura antiinmigrante y propone deportaciones masivas, el Partido Demócrata, con Hillary Clinton a la cabeza, asegura que tomará medidas para normalizar la situación de esta población.

Una de las voces que más se han hecho escuchar ante el gobierno de Estados Unidos en favor de reformas que mejoren las condiciones de vida de los inmigrantes es la de Gustavo Torres, director de Casa, una organización que representa a más de 72.000 inmigrantes y se posicionó desde hace 30 años como vocera de esta comunidad ante las altas esferas políticas de ese país.

Torres nació en Yarumal (Antioquia). Desde hace 25 años vive en Estados Unidos, a donde llegó huyendo de la violencia en el país y donde empezó a trabajar como jornalero.

Desde la Fundación Casa trabaja por mejorar la calidad de vida y empoderar a la colonia latina inmigrante.
Según Torres, detrás de las deportaciones masivas –que en el gobierno Obama llegaron a 2,5 millones de personas– y la persecución contra los inmigrantes existe “un negocio extraordinario”: el de las cárceles privadas.
“Una cárcel vacía se quiebra y una llena es muy rentable. La forma de hacerlas rendir es capturando personas”, asegura.

¿Cuáles son los argumentos que utilizan ustedes para defender ante el gobierno estadounidense la necesidad de hacer una reforma migratoria?

La reforma migratoria es necesaria porque nuestra contribución (la de los inmigrantes) es vital. No solo estamos hablando de los 11,5 millones de indocumentados, de los cuales se calcula que el 95 por ciento son latinos, sino que en este país hay 55 millones de latinos, de los cuales 20 millones ya somos ciudadanos, 24 millones son residentes permanentes y hay 11 millones de indocumentados, de los cuales 800 mil son colombianos. Esto quiere decir que desde el punto de vista político, somos 20 millones quienes ya podemos votar y elegir y, por lo tanto, tenemos poder de decisión y representación.

Nosotros hacemos un aporte significativo en el pago de impuestos y también porque desempeñamos trabajos que ya no quieren hacer los ciudadanos de este país. Se calcula en 700.000 millones de dólares nuestro aporte anual a Estados Unidos.

¿De qué manera afecta al país el hecho de que un alto porcentaje de los inmigrantes indocumentados sea deportado, como lo propone Donald Trump?

Además de existir una clara violación de derechos humanos, Estados Unidos se vería afectado porque nosotros los inmigrantes, y en particular los indocumentados, estamos salvando el seguro social de este país. Los estadounidenses se están envejeciendo y ya no están trabajando. Son los inmigrantes jóvenes los que están sosteniendo el sistema. Muchos de ellos trabajan con un número de identificación tributaria y pagan impuestos, pero nunca reciben beneficios y sí están aportando al seguro social. Estamos hablando de miles de millones de dólares que recoge el Gobierno y de los que no se benefician los indocumentados.

Además, lo que está planeando Trump se calcula que tendría un costo superior a 200.000 millones de dólares, que es lo que vale deportar a 11 millones de personas.

¿Cuál podría decirse que es el criterio o la estrategia del Estado para ‘escoger’ a las personas que deportará?

Hay tres prioridades que el gobierno de los Estados Unidos tiene. La primera corresponde a las personas que tienen récord criminal por haber cometido un delito grave. Después vienen quienes han encontrado con documentos falsos o, por ejemplo, quienes han tomado licor y han ocasionado un accidente. En tercer lugar están las personas que llegaron después del 1 de mayo de 2014, sencillamente porque los encuentran en la frontera y tratan de devolverlos inmediatamente. Esos son básicamente los tres criterios de esta administración, porque suelen cambiar entre uno y otro gobierno.

¿Por qué en los últimos meses se han intensificado las redadas para capturar y deportar a inmigrantes?

Las redadas son unos mecanismos utilizados por el Departamento de Seguridad para expulsar a los inmigrantes de este país, pero al mismo tiempo se han convertido en un negocio extraordinario. Desde que se privatizaron las cárceles, las compañías que las administran tienen como objetivo rendir dinero y la forma de hacerlo es capturando personas y metiéndolas a la cárcel. El Gobierno paga alrededor de 150 dólares diarios por cada preso. Una cárcel vacía se quiebra y una llena es muy rentable. De hecho, estas compañías que manejan las cárceles privadas son las que hacen lobby para que la reforma migratoria no pase.

¿Ustedes se han pronunciado sobre esta situación?

Por supuesto que sí. Hace poco tuvimos una reunión con Hillary Clinton y con el senador Bernie Sanders (ambos precandidatos demócratas) para explicarles esto, y logramos convencerlos de incluir en su agenda política, si alguno de ellos llega a ser Presidente, la eliminación de las cárceles privadas. Eso para nosotros es una victoria extraordinaria.

Uno de los grandes retos de organizaciones como Casa es lograr que los residentes legales permanentes realicen el trámite para empezar a votar. ¿Cómo va ese reto y qué tan real es que esto pueda hacer la diferencia en los resultados?

El desafío es el siguiente: nosotros tenemos en total 13 millones de personas que tienen Green Card (tarjeta de residente permanente); de ellos, nueve millones están listos para ser ciudadanos. Para que una persona se haga ciudadana de este país necesita tener cinco años la tarjeta verde y solicitar la ciudadanía, y además tiene que presentar un examen y hablar inglés. Es muy difícil, a la gente físicamente le da pánico enfrentarse a un examen en otro idioma.

El otro elemento es el costo, porque vale 695 dólares. Muchas de estas personas son de bajos recursos y no tienen el dinero para pagarlo. Y el otro caso es el de personas que han tenido algún problema en el pasado y les da miedo presentarse porque piensan que pueden ser deportados.

Por ello creamos una organización a nivel nacional que se llama National Partnership For New Americas (Coalición Nacional para los Nuevos Inmigrantes), que básicamente se enfoca en ayudarle a la gente en esas tres cosas y que puedan hacerse ciudadanos. Tenemos que fortalecer las campañas para que la gente entienda que su voto vale, y vale muchísimo.

¿Se tienen nuevas noticias en relación con la orden ejecutiva del presidente Obama en favor de los migrantes que fue detenida?

Recientemente, tres jueces del circuito de Nueva Orleans rechazaron la Orden Ejecutiva, y eso significa que ahora todo depende de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, que para el mes de junio dará respuesta definitiva. Con la aprobación de esta orden recibirían permiso de trabajo, por tres años, más de cinco millones de personas que llevan viviendo en este país muchos años, que tienen hijos nacidos en este país, que han pagado sus impuestos y están esperando una respuesta a su situación de falta de documentos.

En la Corte hay cuatro jueces a favor y cuatro en contra. La esperanza de los inmigrantes recae sobre el juez Anthony Kennedy, quien recientemente tuvo el voto decisivo sobre la aprobación del matrimonio igualitario entre parejas del mismo sexo y la reforma al sistema de salud, más conocida como el ‘ObamaCare’ (Ley para la Protección de Pacientes y Cuidados de la Salud Asequibles).

¿Qué va a pasar este año con los migrantes indocumentados? ¿Qué tanto les conviene la etapa preelectoral?

Esta etapa preelectoral es muy beneficiosa porque ha puesto a flote la realidad de la comunidad inmigrante y se ha convertido en un tema obligatorio en las agendas de los candidatos presidenciales. De hecho, siempre ha sido un tema de campaña. Sin embargo, esta vez tiene un componente adicional y es que la Corte Suprema tendrá participación y decisión frente al futuro de esta comunidad, cosa que anteriormente no había sido tan definitiva.

En el escenario en que Hillary Clinton sea la nueva presidenta de EE. UU. con un Congreso de mayoría republicana, ¿qué podría hacer la diferencia frente al gobierno actual para avanzar hacia una reforma migratoria?

Durante su campaña en el estado de Nevada, ella dijo claramente que en caso de llegar a la Casa Blanca se comprometía a mantener y expandir la Orden Ejecutiva. Pero no solo ella está en esa posición. El senador Bernie Sanders ha manifestado lo mismo.

¿Qué acciones o estrategias en favor de los inmigrantes indocumentados se han puesto en marcha al margen del complejo escenario político y legal?

Esas son las que venimos desarrollando en Casa desde hace 20 años. Por ejemplo, además de trabajar en la reforma migratoria, apoyamos en la búsqueda de trabajo a los inmigrantes, porque hay muchos empleadores que no exigen documentos y hay empleos que el americano nativo acá no quiere desempeñar, como construcción, jardinería, plomería, etc.

Otra acción que desarrollamos es el fomento del aprendizaje del idioma inglés en los hispanoparlantes. Cada año tenemos 1.500 personas que asisten a nuestros cursos de inglés; también logramos en el estado de Maryland que ya se pueda tener una licencia de conducción sin importar el estatus migratorio. Conseguimos además que jóvenes indocumentados en ese mismo estado puedan pagar la universidad al mismo costo que un joven nativo en EE. UU. con documentos.

La campaña de Donald Trump aterra a los republicanos

Últimamente, el numeroso grupo de aspirantes del Partido Republicano a la presidencia se encuentra confundido y fuera de sí. Muchos de ellos, con ganas de saltar sobre el traje hecho a la medida del magnate del sector inmobiliario, Donald Trump.
Hasta hace poco, algunos de esos mismos aspirantes declaraban ser los mejores amigos de Trump. De hecho, las fotos del magnate aún cuelgan en los despachos de uno y de otro. La gratitud por los fondos que su viejo amigo les ofreció durante sus respectivas campañas electorales se antojaba eterna.

El peregrinar de muchos de esos políticos a las Torres Trump en Manhattan era una tradición; una imagen recurrente en tiempos de campaña donde el magnate siempre aparecía en las fotos en su papel de generoso donador. Eran tiempos en los que a Trump se le permitía casi todo.
Sin embargo, tras el inicio de la contienda por la nominación presidencial en el seno del Partido Republicano, la relación de amistad con Trump no sólo se ha enfriado. De un tiempo acá, algunos aspirantes presidenciales no se cansan de decirle “imbécil”, “racista”, “estúpido” y hasta lo comparan con ese cáncer que “hay que extirpar lo más pronto posible del movimiento conservador”.
La lista de adversarios de Trump ha crecido vertiginosamente desde que el vociferante millonario decidió incursionar oficialmente en el mundo de la política. Pero, sobre todo, desde que Trump se colocó a la cabeza de todas las encuestas con 24% de preferencias —el doble de un favorito a la nominación, Jeb Bush, quien apenas roza 12% según un sondeo de ABC/The Washington Post— y tiene en promedio 18.4% en julio, de acuerdo con el sitio RealClearPolitics.
Ante este súbito cambio de papeles, en el que un millonario ha decidido convertirse en candidato en lugar de sólo respaldar con su dinero las campañas de sus antiguos amigos, el ambiente se ha envenenado y convertido en una batalla en la que sus adversarios le exigen que se retire de la campaña por la presidencia.
Resulta increíble que los miembros del Comité Nacional Republicano, que antes eran tan simpáticos cuando yo era un donador importante, hayan cambiado tanto. Antes yo era su chico de pelo rubio. Hoy sólo soy una amenaza”, aseguró Trump en una reciente entrevista.
Impasible ante el enojo de sus adversarios, Trump no sólo devuelve los golpes e insultos, sino que además ha conseguido llamar la atención de los medios y la opinión pública nacional e internacional insultando a países como México, criminalizando a los migrantes y amenazando incluso a los republicanos con la fundación de su propio partido.
Al final, entre todos sus enemigos y sus viejos amigos han conseguido convertirlo en un problema fuera de control; en una amenaza que promete crecer durante los debates televisados que arrancan el próximo 6 de agosto.
Atacando a Donald Trump mientras se le censura y tratar de avergonzarlo ha sido como combatir a Godzilla con electricidad. Sólo lo ha hecho más fuerte”, consideró el columnista del diario The Washington Post, Eugene Robinson, al resumir la naturaleza díscola y pendenciera de un personaje que se ha convertido en la peor pesadilla de los republicanos.
En un mundo donde sólo sobreviven aquellos que comulgan con la doctrina de lo políticamente correcto, Trump es una especie de alienígena. Un tiburón de los negocios que hoy encuentra serias dificultades para encajar en el traje de un político y entender el complicado arte del cortejo en tiempos de campaña para conquistar el voto de esas minorías que hoy son la gran mayoría en Estados Unidos.
“Yo no soy una persona acostumbrada a rodearse de especialistas en relaciones públicas o de expertos en encuestas de popularidad. Yo sólo hablo con la verdad”, aseguró Trump esta misma semana para tratar de justificar su falta de tacto o su tendencia a desnudar su vena más racista e intolerante.
Catálogo de insultos
Precisamente, los problemas de Tump comenzaron desde el momento mismo que decidió anunciar su candidatura por la presidencia. Su discurso, desde sus cuarteles generales en Manhattan, se convirtió en un catálogo de insultos contra México, al que presentó como “un país corrupto” que “sólo envía a EE. UU a los que tienen problemas y traen drogas; a los que son criminales y violadores”.
Tras esta andanada de comentarios ofensivos contra México y los inmigrantes, las reacciones no se dejaron esperar. La cadena de televisión hispana Univisión decidió romper con Trump. A los pocos días se sumarían la cadena NBC y una larga lista de hombres de empresa y negocios hacia ambos lados de la frontera que decidieron desvincularse de Trump y unos comentarios que lo convirtieron en unas cuantas horas en el enemigo identificado de la comunidad hispana e inmigrante.
Ante la estampida de apoyos y el alud de críticas, el presidente del Comité Nacional Republicano (NRC), Reince Priebus, reconoció abiertamente que los insultos de Trump a los inmigrantes no estaba siendo de mucha ayuda en el empeño del partido por recuperar el respaldo de la comunidad hispana que representa más del 12% del electorado en todo EU.
A Priebus se sumarían los ex gobernadores de Florida, Texas y Nueva York, Jeb Bush, Rick Perry y George Pataki, así como los sendores Lindsey Graham, Marco Rubio y John McCain.
Irónicamente, las críticas de John McCain contra Trump y los ataques de éste contra uno de los políticos más respetados en el seno del Partido Republicano, desatarían una guerra de guerrillas contra el magnate de los rascacielos. Sus insultos contra McCain, a quien consideró como un héroe indigno de un país como Estados Unidos por haberse dejado apresar por las fuerzas del Vietcong, fueron la gota que colmó la paciencia de sus adversarios.
En un acto sin precedentes, el diario Des Moines Register, un medio de comunicación que juega un papel crucial en las primarias republicanas de Iowa, pidió a Trump retirarse de la contienda por la nominación presidencial.
“Si (Trump) no había conseguido descalificarse a través de sus intentos por demonizar a los inmigrantes como violadores y traficantes de drogas, sí lo hizo al cuestionar historial de guerra (de McCain)”, aseguró Des Moines en su editorial que utilizó para mostrarle la puerta de salida a Trump, quien respondió negando al diario el acceso a un evento realizado este sábado.
A pesar de las aceradas críticas de sus adversarios, el magnate elevó el tono de sus críticas y sus ataques e incluso amenazó con fundar su propio partido para presentarse como independiente:
El liderazgo del Partido Republicano está jugando con nitroglicerina cuando se lanza contra Donald Trump y trata de minimizarlo y excluirlo”, consideró Ralph Nader, el eterno candidato independiente que es la pesadilla de los demócratas a la hora de evitar la fuga de votos.
“El Partido Republicano debería temer a un Donald Trump despechado y capaz de contender como un candidato de un tercer partido. Esto puede hacer volar por los aires la carrera presidencial para los republicanos y convertirlo en una carrera de tres vías que no les conviene”, concluyó Nader.
J. JAIME HERNÁNDEZ
GDA /  EL UNIVERSAL