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martes, 26 de abril de 2016

Luz verde en Venezuela para iniciar recolección de firmas para revocar a Maduro

El referendo revocatorio puede ser solicitado una vez que el mandatario haya cumplido la mitad de su gobierno, lo que ocurrió el pasado 19 de abril.
El Poder Electoral de Venezuela autorizó este martes a la oposición a recoger las firmas que permitirían activar un referendo revocatorio contra el presidente, Nicolás Maduro, un día antes de una protesta convocada para presionar por esa decisión.
Una comisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) "entregará el formulario para la activación de un referendo revocatorio presidencial", exigido por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), según un comunicado el órgano estatal.
La oposición, que controla el Parlamento, deberá ahora recoger las firmas de 1% de los inscritos en el padrón electoral (197.978) en todo el país,para que sea luego autorizada a recolectar los cuatro millones de rúbricas requeridas para convocar el referendo revocatorio.
"La buena noticia es que vamos a tener esta tarde la planilla, la vamos a buscar un grupo de diputados", declaró a la prensa al reaccionar de inmediato el jefe de la bancada opositora en el Legislativo, Julio Borges.
La oposición había convocado una protesta nacional este miércoles para exigir la entrega del formulario, que el organismo electoral no había hecho alegando que los peticionarios de la consulta no cumplían con los requisitos.
La MUD presentó en el último mes y medio varias solicitudes, en la última de las cuales, según el CNE, "fueron cumplidos" los requerimientos para proceder con la entrega de la planilla donde deberán ser consignadas las casi 200.000 firmas.
"Ahora la energía del país se pone en marcha para lograr democráticamente lo que está en la Constitución que es tener el referendo este año y la elección de un gobierno de unidad nacional quelogre que salgamos de este caos", dijo Borges, al señalar que tomarán una decisión en breve sobre la protesta del miércoles.
El referendo legalmente puede ser solicitado una vez que el mandatario haya cumplido la mitad de su gobierno, lo que ocurrió el pasado 19 de abril.
La decisión del CNE ocurre un día después de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) cerró la posibilidad de que la Asamblea Nacional recorte el mandato del presidente de seis a cuatro años a través de una enmienda constitucional, por considerar esa figura no tiene carácter retroactivo. 

viernes, 22 de abril de 2016

Si las redes son un arma de guerra, ¿qué se puede hacer al respecto?

El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, sugirió abirir un debate sobre al uso de las redes sociales y el terrorismo. Expertos advierten peligros contra la libertad de expresión
Hace unos años, el grupo terrorista Al-Qaeda entendió que por medio de internet podían globalizar el terror que ejercían con sus bombas. Desde ese momento, no solo los islamistas radicales (como hoy lo hace elEstado Islámico), sino varias organizaciones criminales han aprovechado el incontrolable flujo de información para sembrar el miedo y provocar que distintos gobiernos y organizaciones les presten atención.
Pero el uso de estas plataformas no es exclusivo de los narcotraficantes mexicanos o de los radicalistas islámicos. Según el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, en declaraciones dadas el pasado martes en un foro, Colombia también tuvo su cuota de terrorismo cibernético, pues según palabras del ministro, el paro armado del clan Úsuga de la semana pasada fue sobredimensionado por las redes e invitó a “abrir un debate mundial sobre la regulación de las redes sociales” para evitar que se conviertan en una nueva arma de guerra y de terror”. (Lea el editorial "La culpa no es de la información")
Y aunque el ministro no habló específicamente de regular redes sociales de manera gubernamental y posiblemente su objetivo de no darles visibilidad a los delincuentes es bueno, sus palabras parecieron tener un eco negativo, pues estas medidas están generalmente relacionadas con gobiernos totalitaristas, como China.
Esto generó una profunda desconfianza dentro de gente del sector de internet, pues, en general, la regulación de este tipo de herramientas por parte del Gobierno suele terminar mal.
“Desde hace varios años, el Gobierno ha pretendido regular aspectos de internet en detrimento de los usuarios. Las políticas públicas que se han intentado hacer en el país han sido criticadas internacionalmente. Afortunadamente no lo han logrado. Colombia necesita un libre flujo de la información”, explica Camilo Andrés García, docente universitario de temas digitales.
Pero lo más preocupante para el sector tecnológico es lo que puede ser entendido como apología de la violencia y el terrorismo. “Hace poco, Twitter borró la cuenta oficial del Eln. No se conocieron los detalles y se cortó un canal de comunicación que estaba sirviendo para que todo el mundo pudiera entender quién es esa guerrilla”, comentó García.
De esta manera, si, por ejemplo, un medio de comunicación está informando sobre un acto armado, o un ciudadano puede estar publicando fotos de un evento que está presenciando, eso, en un caso de regulación, puede ser algo censurable para el Gobierno. “Una ley sobre el tema corre el enorme riesgo de volverse una forma de censura y tener un efecto desproporcionado en la libertad de expresión e internet”.
No hace mucho tiempo, el Departamento de Justicia de Estados Unidospensaba que Wikileaks y Julian Assange eran una amenaza inminente para la libertad de los Estados Unidos, así que el Gobierno presionó a Amazon para que removiera los documentos de sus servidores en la nube y presionó a Visa y a PayPal a restringir las donaciones hacía la ONG.
Obviamente hay una gran diferencia entre lo sucedido con Wikileaks y lo ocurrido con el paro de los Úsuga o las decapitaciones del Daesh. Pero la próxima vez que los gobiernos intenten bloquear o censurar personas específicas, o grupos de las redes sociales, las diferencias ya no serán tan obvias. El área gris entre lo que el Gobierno considere como terrorista y el flujo normal de información en Twitter y Facebook puede volverse aún más gris. Y si son los gobiernos los que nos dicen cuáles son las cuentas que deben ser bloqueadas o censuradas, quedaremos en una situación sumamente compleja.
Así que, si en efecto el paro armado del clan Úsuga en Antioquia tuvo el impacto en redes sociales que el ministro de Defensa señaló, habría que explicarle que no es necesaria una legislación para regular estos contenidos, pues en estos casos hay varias acciones que se pueden tomar dentro de estos servicios para cerrarle el paso a la divulgación de discursos que apoyen el terrorismo, entre otras cosas.
Tanto Twitter como Facebook, por sólo mencionar dos herramientas, tienen términos de uso en los que muy claramente no se permiten cosas como el terrorismo o incitar al odio. Estas reglas se refuerzan mediante acciones como reportar las cuentas ante la empresa.
Estos reportes son analizados por equipos de personas que examinan si la queja del usuario en efecto tiene validez y si es una violación de los términos de uso. La respuesta sobre estos hechos suele darse en 48 horas, aunque esto también depende del tipo de violación.
La tarea de reportar, en la que también pueden estar involucradas las autoridades, comienza por los mismos usuarios. En este sentido, María Isabel Mejía, viceministra de las TI, dijo que “el tema de la ciberdelincuencia se está manejando desde el centro cibernético policial. Eso les compete específicamente a ellos”.
Lo importante entonces es entender que somos nosotros los usuarios los que tenemos el poder de replicar o censurar la información y nadie debe decirnos ni sugerirnos cómo hacerlo.

viernes, 15 de abril de 2016

Estudiantes colombianos en Harvard defienden visita de Uribe


Copresidente de la asociación responde a artículo sobre voces de protesta a presencia de líderes de la derecha en prestigiosas universidades de EE.UU. “El libre intercambio de ideas es la base de la creación de un pensamiento crítico y una conciencia democrática”, dice.

Un interesante debate interno se presenta en la Asociación de estudiantes colombianos de la Universidad de Harvard por la presencia de líderes de la derecha colombiana en esa universidad. Unos defienden la controversia de ideas, otros consideran que se legitima a personas cuestionadas. Aquí el diploma de uno de los premios que ha recibido la asociación por sus actividades
En días recientes la comunidad colombiana en la universidad de Harvard ha mantenido una intensa discusión alrededor la visita del expresidente Álvaro Uribe este sábado. Un grupo de estudiantes y académicos suscribió una carta de protesta. Alejandra Azuero, estudiante, escribió en este medio que la élite colombiana ha usado estos espacios como plataforma para legitimar a los personajes públicos más cuestionables de la derecha en el país. Como copresidente de la mencionada asociación quisiera brindar algunas aclaraciones —y mi propia perspectiva— sobre estas discusiones.
La asociación de estudiantes colombianos ha invitado durante los últimos años a activistas de derechos humanos, dirigentes sindicales, artistas, funcionarios del Gobierno nacional y líderes políticos. El año pasado María Roa, presidenta del sindicato Unión de Trabajadores del Servicio Doméstico (UTRASD), expuso la realidad del servicio doméstico en el país. Este año la invitación incluyó a los negociadores del Gobierno en La Habana. Regis Ortiz, desmovilizado de las Farc, contará en estas aulas su historia en el conflicto y su camino de reconciliación.
La visita de dirigentes políticos de la derecha ha causado intensos debates y divisiones. En años anteriores la invitación al procurador Ordóñez, realizada por un grupo reducido de estudiantes, terminó siendo rechazada mediante un voto mayoritario de los miembros de la asociación. Su posterior intervención fue auspiciada por un instituto de la Facultad de Derecho no vinculado con los estudiantes colombianos. En esa oportunidad, como en la discusión actual frente al expresidente Uribe, se argumentó que este tipo de invitaciones otorgaba una plataforma de legitimación para personas cuestionadas que no deberían usar los foros académicos para limpiar sus acciones.
Como estudiante colombiano me preocupa enormemente la movilización de algunos sectores para impedir el acceso a espacios académicos. El libre intercambio de ideas es la base de la creación de un pensamiento crítico y una conciencia democrática. ¿Quién puede arrogarse el derecho a definir quiénes pierden el derecho a la palabra en estos escenarios? ¿Hasta dónde deben extenderse este tipo de restricciones? ¿No tienen lugar en estas comunidades personas que estén de acuerdo con la ideas del expresidente o del procurador? La academia no es un juzgado. Es un espacio para el debate libre. Otras formas de movilización diferentes a limitar la libertad de expresión permiten acoger a aquellos que desean exponer su punto de vista. Estas incluyen la protesta pacífica y el uso de los canales de comunicación para expresar perspectivas contrarias.
Más allá del debate en esta universidad, creo que hay una profunda desconexión entre estas estrategias de acción política y la construcción de un país en paz. Tristemente, el artículo de Azuero y el tono en estos debates tienden a reproducir los peores males de nuestro diálogo político. Si hablamos de reconciliación, no debemos negarnos a escucharnos. La historia de las barreras a la libertad de expresión en Colombia, realizada por medios legales e ilegales, debería ser motivo suficiente para pensar en otras formas de actuar en política. El llamado de estos tiempos no es otro que el de extender nuestra imperfecta democracia para acoger a todas las voces, como forma de permitir una resolución pacífica de nuestros conflictos en el futuro. El debate universitario es indispensable en esa construcción. Ese es nuestro desafío y nuestra responsabilidad.
* Copresidente, Asociación de estudiantes colombianos de Harvard.

jueves, 14 de abril de 2016

Bromear sobre el presidente turco es arriesgarse a ir a la cárcel

El mandatario Recep Tayyip Erdogan demandó a un comediante alemán que se burló de él con un poema satírico. No es el primer caso.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha convertido cualquier broma en su contra en un delito de lesa majestad. Su gobierno formuló una demanda legal en contra del comediante alemán Jan Boehmermann, quien recitó en su programa de televisión, Neo Magazin Royale, un poema satírico contra Erdogan. En el poema, Boehmermann acusaba al presidente turco de maltratar a las minorías kurdas y cristianas, de ver pornografía infantil y de practicar la zoofilia. Quizá nadie había ido tan lejos al opinar sobre Erdogan. Y nadie, hasta ahora, ha salido bien librado.
Su caso recuerda una escena real, que ocurrió durante los años más cruentos de la Unión Soviética. En su extensa crónica sobre los campos de concentración en ese país, Archipiélago Gulag, el escritor Alexander Solzhenitsyn apunta que un hombre fue encarcelado por cinco años luego de que no aplaudiera al final de un evento que presidía un alto mando soviético. Considerado como una falta de respeto (y por esa misma vía una afrenta al poder), el hombre fue a dar a prisión. Lo que une a ambos casos, a pesar del paso del tiempo, es el dominio del poder y su representación: aquel que gobierna debe ser respetado. El respeto, en ese sentido, es sinónimo de veneración. Erdogan no es inmune a ese influjo.
En diciembre, Erdogan llevó también ante un juez al médico Bilgin Çiftçi bajo el cargo de difamación. Çiftçi publicó en la red un montaje en el que comparaba a Gollum, la especie extraña del Señor de los anillos, con el mandatario: en algunas escenas, Erdogan masticaba una pierna de pollo y Gollum, una piedra. La argumentación del proceso se basaba en demostrar si Gollum, en ocasiones bondadoso y en ocasiones maldito, era una representación irrespetuosa del presidente. Es decir, el proceso se basaba en analizar la naturaleza de un personaje ficticio para determinar si Çiftçi hablaba bien o mal de Erdogan. Los paralelos absurdos entre esta historia y el aplauso ausente de la Unión Soviética son evidentes.
La constitución turca reza que cualquier “expresión de pensamientos” que se constituya como crítica no será juzgada. Sin embargo, es el gobierno de Erdogan quien define la calidad de cada crítica con la ley de su lado: el artículo 297 del Código Penal estipula que “cualquier persona que calumnie al presidente” enfrentará penas de entre uno y cuatro años de cárcel. Quienes deformen los símbolos nacionales, “humillen” el himno nacional o hieran cualquier aspecto de la “naturaleza turca” son sometidos a penas similares. ¿Cómo es posible definir la naturaleza de todo un país que es, en realidad, la frontera cultural entre Europa y Oriente Medio?
Meses atrás, en su editorial, el diario Le Monde afirmó que el gobierno de Erdogan se convertía poco a poco en una monarquía constitucional. Dicho de otro modo: un gobierno en apariencia democrático, pero tentado por la figura del rey. El Estado es una persona, aquel que gobierna, y cualquier ofensa contra esa persona cuenta como ofensa nacional y viceversa. Erdogan, cuyo gobierno se acerca Europa después de acordar un pacto sobre migrantes —con sendos beneficios para la diplomacia turca—, es en teoría más cercano a monarquías como la saudita, donde un insulto contra el rey equivale a un acto de terrorismo.
En el último año, el gobierno turco ha fomentado cinco procesos contra ciudadanos que se burlaron o lo criticaron a través de medios públicos. En marzo del año pasado, una periodista turca fue condenada a cinco meses de cárcel por “insultar” a Erdogan a través de su cuenta en Facebook. Un estudiante de 16 años que llamó a Erdogan “jefe de los ladrones” fue llevado ante un juez. El gobierno turco, con un claro barniz religioso, potencia el insulto al estado de blasfemia. Por esa razón, a través de la fiscalía de Estambul, el gobierno logró controlar al diario Zaman, uno de los más grandes del país y crítico de Erdogan. El diario es administrado hoy por el gobierno y dos de sus periodistas fueron encarcelados, y luego liberados, porque según el gobierno conformaban una red terrorista. El medio Al Jazeera aseguró que, desde el primer momento en que el gobierno tomó lugar en Zaman, su línea editorial cambió por completo a su favor. La cadena Koza-Ipek, con 23 filiales, también fue tomada por autoridades locales. El gobierno dice que nada tiene que ver con ello.
El caso de Boehmermann, ahora bajo custodia policial en su casa, es singular. Lo juzgaría la justicia alemana, que podría darle tres años de cárcel por “ofender a representantes y órganos extranjeros”. El gobierno de Merkel decidirá en los próximos días si la causa continúa; en un discurso reciente, la canciller sugirió que la libertad de expresión no está determinada por las ligazones diplomáticas. Boehmermann reconoció, desde que recitó su poema, que aquello “no está permitido en Alemania”. Su sátira era, sobre todo, un esfuerzo por reconocer los límites de la libertad de expresión en su país. En ese sentido, logró su objetivo. El trato entre Turquía y la Unión Europea, para someter el flujo de migrantes hacia Europa y contenerlos en Turquía, está de por medio. Merkel tendrá que trabajar con sutileza antes de tomar cualquier decisión: validar la demanda de Erdogan es, al mismo tiempo, dejar al descubierto un derecho esencial que, por extensión, es uno de los valores más apreciados de la unión.
 

domingo, 10 de abril de 2016

¡Libérate ya!


¿Alguna vez has visto a alguien intentando quitarse una camisa de fuerza? La persona forcejea intensamente tratando de expandir sus brazos mientras hace unas muecas indescriptibles.

Comienza a sudar y el cansancio es tan abrumador que se detiene por unos segundos para tomar aire y retomar fuerza. Después del breve descanso empieza nuevamente el forcejeo. Esto se repite varias veces hasta que el individuo se da cuenta de que es imposible liberarse y se da por vencido.
Si puedes visualizar esta escena, entonces entenderás el sentimiento de desesperación que sufre alguien que ha tratado muchas veces de liberarse de una relación tóxica, ¡pero no puede! Conozco mujeres que llevan varios años en este forcejeo. Hay quienes han intentado una y otra vez dejar a un mentiroso, infiel, abusador, vicioso o vago, pero no logran zafarse porque enfrentan una de estas dos situaciones: la primera es que después de un tiempo se sienten solas y aunque la “camisa de fuerza” las ahoga, al menos las hace sentir protegidas. La segunda situación es cuando el hombre regresa a rogar y promete el cielo y las estrellas: “estoy arrepentido, perdóname”, “dame una oportunidad, te juro que voy a cambiar”, “tú eres la mujer de mi vida, sin ti no puedo vivir”. Y, en el peor de los casos, dicen: “si me dejas, me voy a matar”. Luego de oír estas palabras tan conmovedoras, muchas se rinden y vuelven a quedar atrapadas dentro de la misma “camisa de fuerza”.
Aquellas que se identifican con este escenario, seguramente piensan: ¿Cómo rayos acabo con este forcejeo para siempre?” No hay que ser mago como Houdini para liberarse de una relación que te mantiene infeliz. La magia más poderosa que existe es la fe. La fe es esa seguridad interior que tienes de que puedes lograr un objetivo, vencer un obstáculo o zafarte de cualquier atadura. Cuando tienes fe en que puedes obtener algo, o zafarte de alguien, hay algo mágico que sucede. Dios y el Universo conspiran para ayudarte a lograr lo que deseas. La fe atraerá a tu vida situaciones y oportunidades que te facilitaran alcanzar tus propósitos. Todas las religiones y maestros espirituales le dicen a este fenómeno “La magia de la fe”. Aférrate a ella y… ¡libérate ya!

sábado, 9 de abril de 2016

¿Existen en la actualidad los últimos humanistas?

Hasta mediados del siglo pasado era incomprensible que un político prestante no supiera latín. Ahora, entre nuestros políticos el desconocimiento del latín, el griego, la historia, la filosofía, la historia o cualquier saber humanístico es total. Esto hace que ya no escuchemos discursos trascendentales a los líderes de los países, incapaces de redactar uno que merezca tal nombre. La mayoría optó en su juventud por carreras técnicas que ellos y su entorno intuían más beneficiosas desde el punto de vista crematístico y social. En sus speech, así llaman ahora a los breves discursos, nos bombardean con grandes cantidades de datos que ni ellos mismos son capaces de interpretar.

Sirva esta entrada para hacer ver que muchos de los males de nuestra sociedad, representada en la clase política, tienen que ver con el abandono de las Humanidades, desde antiguo relacionadas con los valores morales de nuestra civilización, una civilización occidental más preocupada en la actualidad por lo pecuniario que por lo ético.

En un significativo estudio de la revista Forbes, elaborado por Jeffrey Dorman, se demuestra que las humanidades están mucho mejor remuneradas de lo que la gente piensa en Estados Unidos. Es cierto, según este artículo, que las carreras de humanidades o letras ofrecen remuneraciones más bajas al principio de la peripecia laboral. Según el artículo, un graduado en humanidades puede cobrar 600.00 dólares a lo largo de su vida profesional y un físico, un millón de dólares. La diferencia es que, a lo largo de su carrera, el empleado con estudios humanísticos verá crecer su salario en una proporción mayor que un ingeniero, tecnólogo, científico o matemático.

En el imaginario popular, y muchas veces en la realidad, las humanidades tienen poca demanda y que están siendo acosadas por ignorantes que piensan que no son ni serán útiles.

El ‘matrimonio’ de Steve Jobs
Pero cada vez son más los que opinan que si los CEO de las empresas hubieran tenido formación humanística, muchas de las crisis empresariales podrían haberse evitado. Así lo cree la Harvard Business Review, cuando dice: “Si quieres pensamiento innovador, debes contratar a personas de humanidades”. De la misma opinión era Steve Jobs, referente empresarial que iba por la misma línea al expresar que “la tecnología, en matrimonio con las artes liberales y las humanidades, es lo que consigue los resultados que hacen que nuestros corazones canten”.

La realidad es que nuestro tiempo está condicionado por razones económicas: lo que tiene un dividendo inmediato es lo que importa, y ha de ser de manera expedita. Las nuevas tecnologías y los medios electrónicos que las asisten ayudan más a la velocidad y al relato fraccionado que a la lectura sosegada y la reflexión.

Las nuevas tecnologías nos ofrecen una información ingente e inmediata, indiscriminada; es la llamada sociedad del conocimiento, que, algunos piensan, puede sustituir a la clase del profesor.

Los pedagogos de turno han venido a creer, y con ellos los incautos, que con cursos de pedagogía se aprende a enseñar, que basta el buen manejo de los computadores que permitan que el alumno lo pase bien en la clase, que es el fin último. No reparan los instructores de los profesores que estos aprenden enseñando, que no basta solo con la especialización para una formación civil integral del individuo. Que para que el alumno sea un ser pensante, preocupado por los problemas de su país, necesita las disciplinas humanísticas, con su visión universal, y que estas son inevitables para poder organizarnos como sociedad y como nación con una buena visión universal.

La senda del pragmatismo

Es este un tiempo en el que la formación universitaria ha optado por transitar por la senda del mercantilismo y el pragmatismo utilitario del conocimiento. En esta travesía, la formación ética, antropológica, ciudadana o histórica se va reduciendo en el currículo universitario.

Cada vez más, las expectativas humanas de justicia, libertad, equidad, solidaridad, se van opacando ante el interés individual y el ansia del lucro, que se ve en las sociedades actuales como el verdadero ejemplo de éxito social y humano.

La desalmada y despiadada competitividad, de unos contra otros, parece haberse impuesto en nuestra sociedad con el apoyo de las instituciones estatales y académicas.

De vez en cuando los que nos dedicamos a la enseñanza de las humanidades nos encontramos a un rector o a un decano que rompen esa tónica, aun viniendo de estos ámbitos del saber alejados de las humanidades, pero que reconocen el valor de las ciencias sociales y las humanidades como reguladores del proyecto de nación en una tesitura como la colombiana, en la que se vive una crisis social y humana de gran magnitud, con una violencia social que tendrá que ser objeto de discusión y autorreflexión; si no abordamos esta lacra con una dimensión ética, no obtendremos los resultados anhelados por una sociedad expectante ante el futuro inmediato del país.

Posconflicto y humanidades
En un momento en el que muchos se suben al carro oportunista del posconflicto, viendo beneficios a corto plazo, las humanidades vuelven a ser obviadas por una pléyade de tecnócratas que no reparan en que el posconflicto no es un problema técnico, sino que es en esencia un asunto social y cultural que difícilmente terminará sin analizar cuáles fueron las causas sociales que hicieron de Colombia un caso de violencia particular en un contexto general de desigualdades general en la zona. Una explicación científica de nuestra coyuntura nacional tendrá resoluciones autoritarias por no admitir discusión, haciendo que se asuman como incontestables, poniendo al que las critique en el ostracismo.

En una democracia como la nuestra, acosada por agentes con una visión totalitaria y trasnochada de lo que ha de ser la sociedad colombiana, es educar a los estudiantes con una visión libre y humanística, que no se imponga lo que denuncia Martha Nussbaum cuando dice: “Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo.

Económicamente productivo Sedientos de dinero, los Estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando, sin advertirlo, ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia”: la tendencia educativa imperante de que hay que enseñar a los alumnos a ser económicamente productivos ha mermado la capacidad de los individuos para ser solidarios y compungirse con los desfavorecidos, esto está poniendo en peligro la salud de las democracias y augura un futuro en el que el respeto mutuo entre los países, religiones, etnias, etc., será complicado al elegir la masa inconscientemente la prosperidad antes que la democracia.

Todo lo anterior parece darse a pesar del reconocimiento generalizado de que las humanidades han cambiado el mundo y lo han encaminado hacia la democracia. Esa democracia, de la que tanto nos vanagloriamos, está dirigida por líderes que no han sido educados con base humanística, lo que explicaría, en parte, la situación actual de nuestro país.
Profesionales hiperespecializados, sin una formación humanística, son propensos a asimilar sin crítica los mensajes simplistas de los políticos.

Pero hay que entonar el mea culpa, las humanidades han sufrido una “labor de zapa” desde dentro. Desde los años 70 del siglo pasado, las facultades de humanidades vieron cómo sus claustros y aulas se convertían en el principal campo de batalla de ideologías muy en boga en esa época. Borges se refirió a este fenómeno como “las innumerables sectas que adoran las crédulas universidades”: es evidente que no se refería a la carrera de ingeniería industrial cuando así se explicaba.

El futuro de las humanidades pasa por la tecnología
Si uno se pregunta para qué sirve leer a Platón o Dante, seguramente la respuesta de nuestros dirigentes educativos será ‘para nada’. Los responsables de planificar la formación de las generaciones venideras parecen tener meridianamente claro que no necesitarán estas enseñanzas, que en el mundo que viene no les servirá para nada en términos económicos.

Estos ven al ser humano como un “Homus economicus”, y creyendo que uno estudia para ejercer una profesión, no para formarse. El hombre sería nada más que una herramienta sin historia, sin filosofía, sin literatura o lenguas clásicas que nos ayuden a comprender e interpretar la realidad y a ser personas íntegras.

El leer la Ilíada no tiene una aplicación práctica, pero ensancha tus parámetros lingüísticos, permitiéndote argumentar ideas y desarrollar tu discurso. En la actualidad se denuesta al latín y al griego, olvidando que toda nuestra cultura y fuentes históricas, hasta el siglo XVIII, se elaboraron en esas lenguas. Recordemos que el Renacimiento o la Ilustración surgen por el redescubrimiento de los autores que escribieron en latín y en griego.

Es evidente que el futuro de las humanidades pasa por colaborar con las nuevas tecnologías de la información. Un ejemplo recurrente son muchas de las escuelas de negocios actuales, que en sus programas de dirección y administración de empresas incluyen contenidos relacionados con las humanidades, como historia, antropología o filosofía, para preparar a líderes íntegros. Así lo cree el carismático Steve Jobs cuando ve al emprendedor ideal viviendo en la intersección entre las humanidades y la tecnología; y recordemos que para un número importante de los referentes de la economía y tecnología mundiales lo dicho por Jobs es palabra de Dios.

Una democracia saludable necesita una ciudadanía ilustrada, con sentimiento crítico y ansia de conocer, y eso lo dan las humanidades. El fomento de profesionales en disciplinas científicas y técnicas hiperespecializados que adolecen de una mínima formación humanística hace que sean más propensos a asimilar de modo acrítico los mensajes cada vez más simplistas de nuestros políticos, por poner un ejemplo actual.
Defensa ante el totalitarismo
Sí, las humanidades han perdido glamur, pero no siempre ha sido así; en el Imperio británico tener estudios de “lenguas clásicas” te hacía el candidato perfecto para la administración imperial. Pero aún hay esperanza, como destaca la filósofa Martha Nussbaum cuando habla de un resurgir de las humanidades en los planes de estudio de ciencias en Singapur o China, lo mismo que en los Países Bajos, Noruega o Escocia, países que se esgrimen como ejemplos para seguir por nuestros gestores educativos oficiales. Solo con un apoyo a las humanidades en la universidad y en la sociedad podremos superar estos tiempos de acoso totalitario y pensamiento único que parecerían aposentarse de modo inexorable. Quienes nos dedicamos a la siembra del conocimiento, debemos ser garantes de este proceso de fomento de las humanidades, no solo nos va la vida en ello a nosotros los docentes de las humanidades, sino la misma condición humana y la educación.

Me preguntarán cuál es la solución para asegurar las humanidades en la universidad. La respuesta pasa por implementar programas de “estudios interculturales”, con aulas interdisciplinarias en las que participen alumnos de todas las facultades. Esto, más las dobles titulaciones, no puede más que enriquecer al alumno de otras carreras y abrirle un panorama vital más honrado y ético.

Cuando oigo decir en la academia ‘pero ¿y esto para qué sirve?’, refiriéndose a las humanidades, me viene a la mente la imagen del suicida que, sin saber que lo es, se encamina a la muerte jubiloso, refocilándose en su ignorancia.
La necesidad de las humanidades se palpa; las personas de otros ámbitos, alejados de las humanidades, quieren saber, te preguntan, buscan el diálogo, y son la plasmación de que el hombre se plantea cuestiones más sublimes y trascendentes que las del inmediatismo. Soy optimista.