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martes, 26 de abril de 2016

"No lamento haber estado en Chernobyl"

Treinta años después, el fotógrafo militar Oleg Veklenko recuerda los meses que pasó como 'liquidador' en la planta nuclear ucraniana.
No existe, y no va a existir nunca, un consenso sobre el número de liquidadores que participaron, de ahí su nombre, a la “liquidación” de las consecuencias del accidente nuclear de Chernóbil. Las cifras más bajas están por los 300.000, las más altas hablan de un millón. Si las estadísticas son contradictorias es porque desde la desintegración de la Unión Soviética, cada país tiene sus propias cuentas y sus propias ideas sobre quién debería responder por los salarios pendientes y sobre todo por las pensiones y costos de los tratamientos médicos del personal que, apenas imaginando las consecuencias para su salud, había disminuido las consecuencias de la peor catástrofe industrial de Europa.
Oleg Veklenko, un teniente retirado que luego de dejar las fuerzas armadas se había dedicado a las artes plásticas y obtenido un puesto como profesor en el Instituto Politécnico de Kharkiv, la segunda ciudad más importante de Ucrania, hizo parte del ejército de liquidadores. Su misión era, como él mismo lo dice “fotografiar soldados que estuvieran haciendo cosas”. Su colección de imágenes es un raro testimonio de los primeros días de un proceso de descontaminación que tres décadas después del accidente aún no ha sido concluido.
¿Cómo se enteró de lo que estaba ocurriendo en Chernóbil?
La primera información fue un par de renglones en Pravda. Allí hablaban de una fuga menor, pero en épocas de censura, uno aprende a leer entre líneas. Lo mismo pasaba con las informaciones en la radio. La gente sabía que no estaban contando todo, pero nadie podía imaginar la magnitud de lo que nos ocultaban.
Usted era profesor de artes ¿Cómo terminó haciendo parte del contingente de liquidadores?
Porque como presté el servicio militar y seguí hasta el grado de teniente, hacía parte de la reserva. Tenía 35 años y a uno lo convocaban a veces para campañas culturales. Así funcionaba: usted es médico, esta situación necesita un médico, usted está obligado a ir. Recibí por telegrama una convocatoria para una reunión. Mi esposa no estaba en la casa así que ni dije nada porque me imaginé que regresaba esa misma tarde. Tardé meses antes de tener un primer permiso de salida.
¿Cómo fue la preparación antes de desplazarse a la zona del accidente nuclear?
En el ejército nos formaban para reaccionar a un ataque nuclear y yo había estado en unidades especializadas en ese tipo de acciones. Para los accidentes no había una preparación especifica porque un accidente era imposible. “El hombre ha dominado al átomo” solía decirse. Nos llevaron como si fuéramos a un terreno de guerra, muchos de los errores de los primeros días se deben a esa lógica equivocada. En términos de evacuación, de descontaminación e incluso de tipos de radiación son circunstancias muy diferentes.
Algunos testimonios hablan de ese ambiente de guerra, de que quienes iban a Chernóbil se sentían como héroes
La gente aún tenía muy presente la guerra y en medio de la tristeza de la evacuación reaccionaba como al paso de un ejército triunfante. Por momentos lo asumíamos así, la gente estaba orgullosa de nosotros y no teníamos idea de que pronto en el resto del mundo nos verían como los culpables de esa catástrofe. Pero también había miedo porque a cada instante era más claro que nadie sabía si lo que hacíamos era lo adecuado y si las medidas de protección eran suficientes.
¿Más temor que heroismo?
No hay que separar las dos cosas. Al menos en lo que tiene que ver con el ambiente en general. Cada uno tenía periodos en los que un sentimiento era más fuerte que el otro. Los primeros días nos sentíamos como los super-hombres que estaban salvando el planeta, pero luego estábamos cansados, el trabajo era extenuante, vivíamos en carpas. Nos apoyábamos para mantener la moral, pero si hubiéramos tenido la posibilidad nos hubiéramos ido a casa.
Una de las medidas que se tomaron fue limitar los tiempos de intervención. Quienes estaban más cerca del reactor entraban corriendo, realizaban una acción y partían en seguida...
Sí, pero cada mañana teníamos que estar formados dos horas al exterior mientras nos asignaban las misiones. En ese plantón recibíamos toda la radiación. En un ambiente tan contaminado no había otra manera de trabajar. O al menos no la había en ese momento y no podíamos esperar. Eso que usted dice de “entrar corriendo” se aplica a los que iban a tirar costales de arena directamente al corazón del reactor. Eso se hacía en un tiempo corto, dos minutos, y ya con eso daba jaqueca y vértigo, pero todo el día estábamos cavando. En cada campo de la zona había que levantar veinte centímetros de tierra, para enterrarla en fosas más profundas. Y enterrar casas, autos, las mismas máquinas que utilizábamos. Todo el día en eso. A mí lo que me ordenaron fue “tomar fotos de soldados haciendo cosas”. Yo no sabía que muchas de esas personas iban a morir. Ellos tampoco. La radiación no tiene olor.
En sus fotografías se ven con frecuencia hombres que no llevan puestas las máscaras. ¿No les habían informado sobre el peligro de la radiación?
No es que no les informaran, se supone que sí, pero ese mayo tuvimos temperaturas de venticinco grados y llevar los filtros puestos es insoportable. Además con las máscaras es imposible comunicarse y coordinar y muchas veces el responsable tenía que quitársela para dar las ordenes. De nada sirve que a uno le digan “Póngase esta máscara” si al mismo tiempo le obligan a estar en condiciones en las que no puede tenerla puesta.
¿Cómo era la vida cotidiana en los campamentos?
Se bebía mucho. Se cantaba como siempre entre soldados, pero con los días la fatiga era crónica. Ardía la piel. Dolía la cabeza. Yo si tenía algo de tiempo libre me ponía a dibujar. Era lo que me permitía abstraerme. También estuve al frente de un club cultural en el campamento.
Sus fotografías eran un secreto de estado. ¿Por qué decidió exponerlas?
Creo que hay un trabajo de fotógrafo, de autor si se quiere en esas fotografías. Yo cumplía órdenes, pero escogía lo que fotografía y cómo lo fotografiaba. Era un trabajo oficial, pero también un trabajo de artista y al principio, tras la caída de la Unión Soviética las expuse como fotos artísticas. Luego, cuando comenzaron a formarse movimientos de liquidadores que se sentían abandonados por las autoridades y reclamaban sus derechos, vi que había un valor documental en esas imágenes.
¿Cuáles han sido las consecuencias emocionales y físicas de su paso por Chernóbil?
¿Sabe? Uno ve pasar el tiempo con la idea de que hay cuerpos que desarrollan el cáncer más rápido que otros, pero que todos terminan por desarrollarlo. Yo tengo que hacerme chequeos con frecuencia y cualquier tos o mancha en la piel me hace pensar 'Ya llegó'. Por otro lado, como artista, pude ser testigo de momentos en los que se revelaban muchos rasgos de la condición humana, la impotencia frente a las circunstancias, el miedo, la valentía también. Estoy convencido del absurdo que representa el desarrollo de la energía nuclear, pero no lamento la oportunidad que tuve de estar allí porque gracias a esas imágenes tenemos elementos para discutir.

domingo, 24 de abril de 2016

Cadena perpetua para dos acusados de planear atentado en Londres


En el juicio se estimó que el plan estaba inspirado en los atentados del Estado Islámico, responsable de los atentados de París, donde murieron 130 personas y de Bruselas, que dejó 32 muertos.
Dos británicos fueron condenados este viernes por un tribunal de Londres a cadena perpetua por planear matar a policías, soldados y civiles en la capital británica, en un atentado como los del grupo yihadista Estado Islámico (EI).
Tarik Hassane, el principal instigador, cumplirá al menos 21 años por los delitos de conspiración para matar y preparación de atentados, y Suhaib Majeed un mínimo de 20 por los mismos cargos, anunció el juez Alan Wilkie, de la corte Old Bailey de Londres.
Ambos, que superan por poco la veintena, eran amigos de la infancia y Majeed estudiaba física en la universidad.
"Es impactante, trágico y deplorable que ustedes, dos jóvenes británicos, educados en el sistema escolar británico, yendo a la universidad, se hayan dejado influir por la versión sangrienta del Islam presentada por el Estado Islámico", les dijo el juez.
En el juicio se estimó que su plan para atentar estaba inspirado en los atentados de la organización yihadista que reivindicó los atentados de París de noviembre (130 muertos) y de Bruselas en marzo (32 muertos).
Majeed se había hecho con una pistola y municiones y estaba planeando comprar una motocicleta cuando fue detenido por la policía. Para entonces ya había elegido como posibles blancos una comisaría de policía y unos cuarteles militares en el oeste de Londres.
El comandante de la unidad antiterrorista de la policía británica, Dean Haydon, dijo en el juicio que Hassane había entablado "comunicación con gente en Siria", y que era posible que hubiera estado en la guerra civil de este país, aunque no pudo demostrarse. 

viernes, 15 de abril de 2016

¿Es creíble la amenaza del Estado Islámico contra Brasil?

Maxima Hauchard, un francés de 22 años que se integró al Estado Islámico en 2013, sería el autor de la amenaza contra Brasil, según la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN). De él solo se sabe que aparece en algunos videos del grupo terrorista y que las autoridades le siguen el rastro. El hombre lanzó, tras los ataques del 19 de noviembre de 2015 en París, la siguente frase en Twitter: “Brasil, ustedes son nuestro próximo blanco”.
Analistas consideran que si bien hoy no se puede descartar ninguna amenaza por la forma como actúa el Daesh (Estado Islámico, en árabe), no creen que sea uno de sus blancos principales. “Lo que se sabe es que hay cada vez más jóvenes que comulgan con la ideología de los extremistas islámicos en muchas partes del mundo y América Latina no es la excepción”.
En septiembre de 2014, la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, dijo que los países de América Latina tenían un rol que desempeñar en los esfuerzos contra el EI: asegurarse de que las redes de apoyo a los yihadistas no estén utilizando el territorio ni los sistemas bancarios.
El diario brasileño Folha de Sao Paulo aseguraba entonces que “Estados Unidos no tiene dudas de que grupos terroristas usan la Triple Frontera —ubicada entre Argentina, Brasil y Paraguay— para financiarse por medio del contrabando”.
La Subsecretaría de Antiterrorismo del Departamento de Estado de EU ha señalado que uno de los mecanismos concretos de que se valen los extremistas para recaudar dinero es “el uso de instituciones de caridad”.
De acuerdo con un informe publicado por el periódico Excélsior, si bien la amenaza del terrorismo es global, sobre América Latina el EI no estaría muy activo. El diario consultó al internacionalista Julián Schvindlerman quien explicó que “la presencia del EI en América Latina es entre inexistente y baja, o al menos el conocimiento sobre su presencia lo es, se sabe mucho más de la muy real presencia de Hezbolá, algunas células de Al-Qaeda e islamistas varios”.
“Puede haber individuos musulmanes que se identifiquen con el EI en la zona, pero en cuanto a grupos activos y operativos del Estado Islámico en Latinoamérica es en mi entender que no ha habido hasta el momento señales en el radar”, resaltó el analista argentino Schvindlerman al Excélsior.
En un mensaje publicado el 26 de noviembre del año pasado, el EI amenaza a a 60 países. El video titulado “Sin Respiro” advierte a los países a favor de la lucha contra la organización yihadista y muestra información sobre su “califato”.
Un análisis realizado sobre 1.300 centros urbanos de todo el mundo llevado a cabo por la consultora Verisk Maplecrof no incluye ninguno en América Latina.
Para algunos críticos del gobierno de Dilma Rousseff, confirmar una amenaza hecha hace cuatro meses, durante los días más agitados de la crisis política y que puede vivir el capítulo más difícil este domingo con marchas y una votación que autorice un proceso de juicio con fines de destitución contra la mandataria, es un poco más que “conveniente”. La ABIN aclara: “No estamos dicendo que va a ocurrir un atentado, pero sí que la posibilidad aumentó expresamente en nuestro país”.